DAVID
DAVID
Desde la antigüedad, el caballo ha sido símbolo de libertad, poder y nobleza. Su figura encarna la energía contenida de quien está siempre listo para avanzar, pero que también conoce el equilibrio entre fuerza y elegancia.
En esta obra, el caballo se eleva sobre sus patas traseras, suspendido en un instante de intensidad pura. El negro profundo de su cuerpo evoca misterio y carácter, mientras los destellos de oro que recorren su piel revelan las marcas invisibles de la grandeza.
Aquí el movimiento se convierte en lenguaje. La tensión del cuerpo, la fuerza del gesto y la luz que emerge entre la oscuridad hablan de una presencia que no necesita correr para demostrar su poder.
Pintura acrílica sobre lienzo y detalles en laminilla de oro
Medidas: 1’50 mt x 90 cm
